martes, noviembre 03, 2026

HUIR DEL MIEDO

 

Con frecuencia, encuentro personas que están llenas de miedo hacia todo lo que tiene relación con el "Ministerio de Liberación."

En la ultima semana me han "regalado" por lo menos cinco calabazas. Ya es verdad que en esta época es tiempo de ellas, tanto para comerlas como para ponerlas de adorno. Aunque eso ultimo no lo aconsejo por estar relacionado con la fiesta de Halowen.

¿Y qué calabazas me he llevado?:

-Una Editorial que por muy Mariana que sea, me ha dicho que no publica mi libro porque sería difícil de meter en las tiendas y que la gente no lo compraría porque estos temas dan mucho miedo. 

Y digo yo; Comunicar a la gente que has sido liberado da miedo? ¿Dar testimonio de la belleza y riqueza que tenemos en la Iglesia da miedo? ¿Ser testigo de que Cristo está vivo en la Eucaristía y nos ama, da miedo? Comunicar a la gente la fuerza de nuestra Madre Santísima y la intercesión de los Santos y de los Ángeles, produce miedo en la gente? Porque de esas cosas, hablo en mi libro.

No me gusta hablar del demonio, si no es para ensalzar a Dios. Porque el mal y el bien, no son una dualidad. Dios es creador. El demonio, criatura. Y nosotros, Hijos del Padre. ¡Que grandeza!! ¿Ves? no puedo hablar del demonio si no es para  hablarte de Dios.

-Un Sacerdote que no me ha dejado poner el libro a la venta en su parroquia cuando se lo he pedido. No me ha dado razones. Asique no se cuál es la excusa. Aunque se que es miedo.

-Tres amigos, que se han negado en rotundo a darme un testimonio escrito de todo lo que han vivido conmigo durante mi proceso cuando se lo he pedido...Ya duele.

Ya van ahí las cinco calabazas. (De esta semana) y todas, se llaman Miedo.

Y todo ello, me lleva a contemplar en profundidad la soledad del Señor, cuando colgado de la cruz fue abandonado de todos. Bueno. De casi todos. Porque Juan ardía de tanto amor, que no pudo separase de el, y el miedo, no asomó a su corazón. Las mujeres, desgarradas en llantos, tampoco se separaron. Nuestra bendita Madre Santísima, porque siendo su madre, no podía abandonar al hijo de sus entrañas viéndolo allí destrozado, atormentado, ridiculizado...

La buena de Magdalena, porque, su corazón rebosaba de agradecimiento... y las otras, todas ellas, porque las mujeres suelen ser más valientes que algunos hombres. Y no miran el peligro, ni se preocupan si están haciendo o no el ridículo. Ni que contará mañana la vecina de ellas.

La mujer que ama, va a Misa, sin preocuparle el qué dirán. Y besa su crucifijo como a su hijo, ya vaya en el metro, en el autobús o por una calle abarrotada de gente. No siente vergüenza por amar a Jesús.

Pero... ¿Dónde estaban los demás apóstoles que habían acompañado a Jesús en todo momento?

El bueno de Pedro, lo acabada de negar tres veces. Ya duele. Y de la vergüenza no asomó ni la nariz.

Los demás, congelados por el miedo se habían escondido sin dejar rastro. Ya duele.

Y Judas... es el que lo había traicionado. Eso duele más aún.

¡Cuánto dolor en el corazón de Jesús, al echar en falta a sus amigos! A los que amaba. En el último tramo de su misión, justo el más importante, donde iba a dar su vida por todos.

Y me gusta mirarle a los ojos, y decirle; ¡te he fallado tantas veces!!! Pero hoy, de aquí no me muevo. Me abrazo a la cruz contigo. Recorro este camino de tu mano. Yo estoy contigo y tu conmigo. No importa si nos quedamos solos y todos huyen. Si. Y no tengo Miedo. Porque el miedo, no siempre es fruto del Espíritu Santo. Por eso, huyo del miedo. Lo enfrento si hace falta. Y no le doy otros nombres como "discreción", "prudencia", o pretextos semejantes. Lo llamo por su nombre: MIEDO.


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